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Me gustaría tener una varita mágica que me ayudara en esos momentos más caóticos o cansados del día, a que las cosas fluyan con mi hija. En ese punto, en el que la paciencia no aparece y, por otro lado, Elisa está enfrascada en lo suyo sin inmutarse cuando le pido que deje de jugar porque ya es hora de dormir, que alce el cuarto o se ponga los zapatos porque el tiempo está justo para llegar a la escuela.  Esos momentos, son los de verdadero reto y cuando es más importante recoger tanto lo que yo siento como lo que ella siente; antes de que las cosas se desborden.

Quizá no exista una varita mágica. Sin embargo, quizá podemos empezar por validar lo que estamos sintiendo, con no engancharnos con la situación. El psicólogo Kim John Payne, dice que cuando los niños están desobedeciendo o comportándose mal; significa que están desorientados. Él recomienda, en ese momento hacer una pausa, respirar y preguntarte: ¿Qué me pasa? ¿Qué le pasa a mi hijo? Es una forma de moverte, para tener una visión más amplia. Te permite reflexionar sobre ¿cómo puedes ayudar a tu hijo?; y de qué manera, ¿puedes evitar esos desbordes emocionales o momentos estresantes?

Los niños no tienen la misma noción del tiempo que nosotros, o esa consciencia de que ya se hizo tarde para cumplir con las actividades del día. Cuando están jugando o metidos en una actividad están experimentando placer y suspender de golpe eso que están haciendo les causa malestar. Es importante, empezar por validar eso que ellos están sintiendo. Por supuesto, empezar por validar nuestras emociones. Quizá nos sentimos cansados o estresados por el ajetreo del día.

Este post, surge de mi propia inquietud con mi hija de saber manejar mejor esos momentos vulnerables para recoger y validar eso que estamos sintiendo. Antes de que yo pierda la paciencia, que ella se enoje y salga corriendo sin hacer caso porque no quiere suspender el juego o lo que está haciendo que le produce placer. ¿Qué puedo hacer?

  1. Cuando ya notó que estoy empezando a perder la paciencia. Hacer una pausa. Respirar. Identificar cómo me siento.
  2. Preguntarme, ¿Qué le pasa a mi hija? Aunque no identifique en ese momento la respuesta. Buscando ver la situación de una manera más objetiva y menos personal.
  3. Buscar prever situaciones. Por ejemplo, validar lo que siente mi hija cuando de golpe quiero que dejé una actividad y me obedezca a hacer lo siguiente. Con tiempo, acompañar el proceso de transición de una actividad a otra. A mí me ha funcionado, poner una alarma. Cuando suena, ella entiende de manera más clara que termina esa actividad y comienza otra.

La inteligencia emocional es una habilidad y; como cualquier otra, se desarrolla con la práctica, aprendiendo de los errores y con apertura a buscar nuevas estrategias y utilizar la creatividad. Por supuesto, habrá veces que la situación me rebase y acabe en tensión o desborde emocional. Más allá de culparme o sentirme mal, lo que puedo hacer es reconocer lo que pasó. Decirle a mi hija cómo me sentía en ese momento y, si es necesario, pedirle disculpas por haber actuado desde el enojo. A mí me ha servido apoyarme del libro de El cofre mágico de Mafik, para tener un lenguaje común con mi hija de tres años te recomiendo que des clic en la entrevista que hago con la autora.

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