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El fin de semana, cuando mi hija y sobrinos estaban jugando con bloques; una de mis sobrinas respondió pegándole a su hermano, gritando, en un arranque de ira cuando le tiraron su torre. Por supuesto, para un niño que le tiren su torre significa enojo y frustración. Sin embargo, me quedé pensando en lo importante que es tener palabras más exactas para describir lo que sentimos. No es lo mismo sentirse molesto por algo, que estar iracundo por una situación que se ha vuelto insoportable. Aunque ambas emociones se podrían describir como un enojo; la intensidad es muy distinta y por lo mismo la forma de gestionarlas, también.

Por ese motivo, me fascinó leer el libro de El universo de las emociones que toma la metáfora del universo para explicar las emociones como si fueran galaxias. Lo más interesante es que no se queda sólo en un trabajo escrito, sino que hay un cartel en el que de manera gráfica está plasmado un universo de más de trescientas emociones. Ha sido uno de los libros, que más me ha ayudado a entender y ampliar mi vocabulario emocional. Tanto el libro como el cartel del Universo de las emociones es un trabajo disciplinario de los profesionales Eduard Punset, Rafael Bisquerra y PalauGea. 

Por lo rico e interesante de su propuesta, voy a dedicar un post para cada una de las galaxias que ellos proponen como principales. Proponen tres galaxias positivas: felicidad, alegría y amor; y tres negativas: tristeza, enojo y miedo. Es importante aclarar que el terminó de positivo y negativo no tiene que ver con que sean buenas o malas las emociones o que unas sirvan más que otras. Al contrario, el terminó de positivo habla de las emociones en las que hay presencia de bienestar y placer; mientras que las negativas tienen ausencia de placer y bienestar.  

 Hay otras galaxia de emociones ambiguas, es decir que pueden tener ser tanto positivas como negativas. Está la galaxia de las emociones estéticas que tienen que ver más con lo que se experimenta cuando ves una obra de arte; otra galaxia en la que se encuentran las emociones sociales como la culpa y la vergüenza. Es interesante, observar cómo estas emociones sociales aparecen en el proceso de educar a los niños de etapa preescolar; a veces a los niños de dos o tres años se les enseñan reglas sociales a través de avergonzarlos. Por ejemplo: “estás comiendo como perro”. Ya vendrá un post, dedicado a esas dos emociones: culpa y vergüenza. 

La sorpresa, también es una galaxia ambigua en la que esas emociones desembocan en otras. Por ejemplo, no es lo mismo la sorpresa ante una fiesta de cumpleaños que el sobresalto que sientes ante un asalto. Por último, están dos galaxias irregulares que son negativas: el asco y la ansiedad. 

Sin duda, el primer paso para empezar a desarrollar la inteligencia emocional es ampliar nuestro vocabulario de las emociones para poder nombrarlas de manera más precisa y entender más sobre nuestro mundo interno y, poco a poco, empezar a desarrollar formas sanas de regular nuestras emociones.

Si quieres saber más sobre las emociones espera al siguiente post; también, te invito a que compres el libro de Bisquerra y Punset.

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